EN CONVERSACIÓN / Propósito
Entrevista a Nadia Estelva, consultora de comunicación accesible: la accesibilidad puede mejorar la idea desde el principio
Nadia Estelva, consultora de comunicación accesible, sitúa la conversación en una tensión muy concreta: una campaña que descubre la accesibilidad justo antes de publicarse. Una conversación sobre diseño, lenguaje y las barreras que aparecen cuando una campaña sólo se revisa desde la pantalla de quien la ha creado. Recorremos las decisiones, los límites y las preguntas que aparecen cuando esas ideas llegan al trabajo cotidiano.

¿En qué momento debería entrar la accesibilidad?
Cuando se define la idea. Si aparece al final, parece una lista de correcciones que compiten con decisiones ya aprobadas. Desde el principio puede ayudar a elegir cómo contar algo y qué información necesita más de una vía de acceso. Entender el mensaje también forma parte de la experiencia, no es un añadido posterior.
¿Qué barrera sencilla encuentras en contenidos cotidianos?
Información importante que sólo aparece dentro de una imagen, con poco contraste o durante un instante. A quien ha creado la pieza le parece evidente porque conoce el mensaje. Otra persona quizá no tenga tiempo, contexto o condiciones para recibirlo. Revisar esa diferencia entre intención y experiencia suele ofrecer mejoras bastante concretas.
¿Ser claro limita la creatividad?
Puede limitar un recurso que no estaba funcionando, pero también abrir otros. Cuando obligas a una idea a explicarse sin depender de un único efecto, descubres qué la sostiene. No todas las piezas necesitan ser iguales. Lo importante es que la ambición visual no deje fuera la información que hace comprensible la propuesta.
¿Cómo harías una revisión útil con poco tiempo?
Elegiría situaciones reales: sin sonido, en una pantalla pequeña y con alguien que desconoce el proyecto. Preguntaría qué ha entendido y dónde ha dudado. Eso no sustituye una evaluación especializada, pero ayuda a detectar problemas que una revisión interna puede pasar por alto. Después priorizaría las barreras que impiden acceder al sentido principal.
¿Qué debería cambiar en el encargo a una agencia?
Que estas condiciones formen parte de la calidad esperada y del tiempo de producción. Si se piden después de cerrar presupuesto y calendario, el equipo las vivirá como trabajo invisible. Integrarlas permite repartir responsabilidades y revisar antes. La mejor intención sirve de poco cuando nadie dispone de tiempo ni de criterio para llevarla a una pieza concreta.
Llevemos esta conversación a una situación concreta. ¿Por dónde empezarías?
Pensemos en una campaña que descubre la accesibilidad justo antes de publicarse. Mi primer paso sería probar contraste, navegación y comprensión desde el primer prototipo. No empezaría por una presentación de soluciones. Necesitamos acordar qué problema estamos intentando resolver y qué parte depende realmente del equipo. Esa conversación inicial evita invertir el presupuesto en una respuesta vistosa que no cambia la situación de partida.
¿Qué tendría que ocurrir para que consideraras que la decisión ha funcionado?
Buscaría que distintas personas puedan completar la misma tarea sin ayuda extra. Esa señal debe acordarse antes de poner el proyecto en marcha, junto con un periodo razonable para observarla. También conservaría lo que contradiga nuestra hipótesis. Un resultado útil no es necesariamente un resultado favorable: puede enseñarnos que debemos cambiar el enfoque antes de invertir más.
¿Dónde se suele torcer el proceso cuando aparece la presión por entregar?
En reducir la accesibilidad a marcar una casilla en la entrega. Es tentador porque ofrece una sensación inmediata de avance. Pero desplaza la pregunta que daba sentido al encargo. Cuando aparece esa presión, volvería al acuerdo inicial y explicaría qué se gana y qué se pierde con cada atajo. Las renuncias deben ser decisiones conscientes, no accidentes del calendario.
Con un presupuesto reducido, ¿qué protegerías y a qué renunciarías?
Protegería la posibilidad de probar contraste, navegación y comprensión desde el primer prototipo. Reduciría el número de entregables antes de quitar el tiempo necesario para entender y comprobar la idea. Una versión pequeña puede ser muy exigente si tiene un objetivo claro. Prefiero probar una decisión completa en un entorno acotado que repartir el esfuerzo entre muchas ejecuciones a medio resolver.
¿Qué conversación debería mantener la dirección con el equipo antes de dar luz verde?
Le pediría que explicara qué prioridad tiene el proyecto, quién puede tomar decisiones y qué límites no son negociables. En este caso, el objetivo sería que distintas personas puedan completar la misma tarea sin ayuda extra. Si cada persona interpreta el éxito de una manera distinta, la revisión final se convierte en una discusión de preferencias que ya no puede resolverse con el trabajo entregado.
¿Qué papel darías a la tecnología sin dejar que decida el rumbo del trabajo?
La utilizaría para comparar alternativas y reducir tareas repetitivas, pero mantendría a una persona responsable de revisar lo que cambia. El riesgo de reducir la accesibilidad a marcar una casilla en la entrega también puede automatizarse. Antes de incorporar otra herramienta comprobaría qué información utiliza, qué errores produce y si el equipo puede continuar cuando esa herramienta deja de funcionar.
Para alguien que quiera aplicar esta reflexión mañana, ¿cuál sería una primera acción concreta?
Elegiría un proyecto abierto y escribiría una página con el problema, la decisión pendiente y la evidencia que falta. A partir de ahí propondría probar contraste, navegación y comprensión desde el primer prototipo. No hace falta transformar toda la organización de una vez. Hace falta que esa primera prueba deje un aprendizaje que otra persona pueda entender, discutir y utilizar en el siguiente encargo.



