Podemos recibir un texto ordenado, amable y sin errores evidentes y, aun así, sentir que no dice nada propio. Habla de conectar, inspirar y acompañar. Todo suena razonable, pero sería difícil identificar a la marca si quitáramos el nombre.

El problema no pertenece exclusivamente a la inteligencia artificial. Los manuales vagos y las aprobaciones que eliminan cualquier rasgo particular también producen ese resultado. Las herramientas pueden amplificarlo cuando trabajan con instrucciones igualmente generales.

Pedir un tono cercano no basta. Cercano puede significar directo, afectuoso, irónico o informal. Resulta más útil mostrar ejemplos y explicar por qué funcionan: frases cortas, observaciones concretas, humor contenido o una forma particular de dirigirse al lector.

También ayudan los límites. Qué expresiones no utilizaríamos, qué exageraciones evitamos y qué tipo de broma no encaja. La identidad se reconoce también en las palabras que decidimos no usar. Esas renuncias pueden orientar más que una lista de adjetivos positivos.

Después llega la edición. No para añadir imperfecciones de manera artificial, sino para recuperar precisión y punto de vista. Cambiar una frase abstracta por una escena reconocible puede hacer más por la voz que añadir expresiones coloquiales por todas partes.

Una herramienta debería ayudarnos a trabajar con nuestra identidad, no convertirse en la autora involuntaria de una voz nueva. Para comprobarlo, podemos poner varias piezas sin logotipo sobre la mesa. Si nadie reconoce qué las une, quizá necesitemos menos instrucciones sobre cómo sonar profesional y una decisión más clara sobre qué queremos decir y desde dónde.

Sobre la firma

Olivia Sernadal, directora de estrategia editorial, sitúa la conversación en una tensión muy concreta: una newsletter que acumula enlaces pero no explica por qué merecen tiempo. Una conversación sobre selección, frecuencia y el valor de ofrecer una lectura reconocible en un canal donde cada edición vuelve a pedir atención. Recorremos las decisiones, los límites y las preguntas que aparecen cuando esas ideas llegan al trabajo cotidiano.

Ver perfil y columnas de Olivia Sernadal ↗